
La ropa parece lo fácil de una mudanza hasta que se cuentan los armarios de una casa entera. Ocupa poco peso y mucho volumen, se arruga si viaja mal y en esta comarca hay que contar con la ropa de invierno, que abulta el doble.
Esto es lo que hacemos para que el embalatge de la roba no se convierta en dos días de plancha.
Portatrajes y perchas: la ropa que llega colgada a la casa nueva
La caja armario, o portatrajes, es una caja alta con una barra dentro. Se abre junto al armario, se pasa la ropa de una barra a la otra sin descolgarla de la percha, se cierra y ya está embalada. En destino se hace el gesto contrario: se abre delante del armario nuevo y la ropa pasa colgada, sin doblarse ni una vez. Entre veinte y treinta prendas por caja es lo habitual, según el grosor de lo que se cuelgue.
Compensa con lo que se arruga y con lo que no debe doblarse: abrigos, trajes, americanas, vestidos, camisas y faldas. No compensa con la ropa de punto ni con lo que ya vive doblado en un cajón, porque una caja armario llena de camisetas es volumen desaprovechado. Ese bloque va en caja normal, doblado como estaba. Y si la casa tiene tres o cuatro armarios grandes, se piden portatrajes de sobra: sobra una caja o falta media mañana.
Embalar la ropa de invierno de una casa de Osona sin doblarla dos veces
Aquí el armario de invierno es la mitad del armario. Plumíferos, jerséis gruesos, chaquetas de montaña, mantas y edredones ocupan un volumen que en otras comarcas no se ve, y todo eso está guardado a la vez que la ropa de temporada. Lo primero es separar los dos bloques: lo que se va a usar en las semanas siguientes y lo que está fuera de temporada. Cada bloque se embala y se rotula por separado, y solo el primero se desembala al llegar.
Las bolsas al vacío resuelven el volumen de edredones, mantas, nórdicos y ropa de cama, que pierden dos tercios del bulto. Los abrigos de pluma y las prendas de lana gruesa se dejan fuera de la bolsa, que comprimidas semanas enteras pierden el cuerpo. Y aparte de todo va una caja rotulada con la ropa de los primeros días para cada persona de la casa: la que se abre esa misma noche, sin tener que recorrer los dormitorios buscando pijamas.
Desmontaje del armario empotrado en un piso del Carrer Ciutat
En una finca antigua del centro, el armario suele ser parte de la casa. Puertas correderas montadas sobre guía, baldas fijas a la pared, estructura de obra por dentro y a veces un altillo que solo se abre con escalera. Lo primero es vaciarlo entero, incluidos el altillo y los cajones inferiores, porque un armario vacío se desmonta rápido y uno lleno no se desmonta. La ropa sale antes que el destornillador, siempre en ese orden.
Después va el desmontaje por piezas: puertas fuera de la guía, guía desatornillada, baldas y barras retiradas y la estructura desarmada si sale por el hueco de la puerta. La tornillería de cada elemento se guarda en su bolsa etiquetada y viaja pegada a la pieza. En la vivienda nueva el orden se invierte: se monta el armario y se comprueba que las puertas corren antes de colgar la primera prenda, porque colgar y desmontar otra vez es perder la tarde.
Qué ropa viaja al guardamuebles y qué se queda a mano
Es habitual que la salida y la entrada no encajen: se entrega la vivienda antigua un día y la nueva se ocupa dos semanas después, o hay obra de por medio en la cocina. En ese hueco no hace falta que viaje toda la ropa contigo. La de temporada contraria, el invierno si te mudas en junio y la playa si te mudas en enero, pasa a guardamuebles con su inventario de bultos, y contigo va solo lo que se va a usar.
La rotulación se hace bulto a bulto y con la misma letra en la caja y en el listado, para pedir una caja concreta sin abrir cinco. Se acuerda de antemano cuánto tiempo va a estar guardado, porque de ese plazo depende cómo se coloca y cuándo se prepara la salida. Cuando llega el día, se saca lo pedido y se lleva a la vivienda, ya sea el lote entero o solo las cajas del armario grande.
Qué añade al presupuesto de la mudanza el embalaje de la ropa
Una mudanza de vivienda que no sale de la Plana entra en la banda que publica el sector, de 300 a 1.000 €, y ese es el marco del que se parte. Es una referencia de mercado, no una tarifa propia. Dentro de ese marco, uno de los factores que empujan el importe arriba o abajo es quién embala: no cuesta lo mismo un encargo en que el equipo llega, embala, carga y monta, que otro en que la casa está ya en cajas.
El reparto se puede partir, y de hecho es lo más frecuente. Los armarios los vacía la familia, que sabe qué se queda y qué se va, y el equipo se ocupa de la cocina, del cristal, de los cuadros y del desmontaje. O al revés, si no hay tiempo. Sea cual sea el reparto, queda escrito en el presupuesto: qué material se aporta, qué estancias embala cada parte y qué se monta en destino. El importe queda firmado antes de que llegue el camión y se mantiene.
Descarga y colocación de la ropa en un piso de Santa Anna
Al llegar, el armario va antes que la ropa. Se monta, se nivela y se comprueban puertas y cajones; después se abren los portatrajes delante de él y las prendas pasan colgadas a la barra nueva, en el mismo orden en que salieron. Las cajas de ropa doblada se dejan en su dormitorio, cerradas, para vaciarlas con calma en los días siguientes. En un piso del ensanche con ascensor practicable esto es rápido; en un tercero del núcleo antiguo, la parte lenta es la escalera.
El detalle que más se agradece esa noche es la caja de los dos primeros días. Si está rotulada y se deja a la vista, nadie tiene que abrir la casa entera a las once para encontrar una toalla o un pijama. Lo demás puede esperar. Antes de marcharse, el equipo retira el cartón, el film y las fundas usadas, y si algo se queda para más adelante entra en guardamuebles con su listado. Para poner fecha, el 629 501 941 contesta de 8 a 20 h.